sábado, 14 de junio de 2014

CORCHO




PENDIENTES Y PULSERA CORCHOS







 







Empieza el rito de abrir una botella de vino. Y tras el descorche, pasamos a oler el tapón. El corcho de dicha botella tiene que oler a corcho y a vino y a nada más. Si huele a corcho no da ninguna pista de si el vino es bueno o malo pero si huele a algo distinto como vinagre, moho, humedad... podremos sospechar que el vino tiene alguna pega. Incluso si el corcho se rompe al abrir la botella. El corcho en la botella tiene su función pero por olerlo antes no nos va a ayudar a disfrutarlo.
El corcho es el material ideal para cerrar las botellas de vino y el elemento clave para su mejor conservación. Es uno de los factores más importantes en la maduración del vino en botella, preservándolo de la oxidación y dándole el ambiente generador de aroma tras la fase de crianza en madera. El corcho se hincha al contacto con el vino, y la botella queda herméticamente cerrada para que no entre ni aire ni bacterias. A diferencia de otros materiales, la corteza de alcornoque por su longevidad e impermeabilidad tiene el poder de contener el vino a la vez que le da la mínima oxigenación que necesita para madurar (sino lo tuviera, el dióxido de azufre qeu tiene el vino se desintegra y produce un mal olor). Está lleno de gas que se libera en mínimas cantidades, aireando el vino y, como no proviene del exterior, no contiene aromas externos que puedan afectar el aroma de la bebida.

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