lunes, 10 de junio de 2013

BRILLANTE AMANECER

AGOTADO 
GARGANTILLA ORO
Delante


Detrás



El oro debido a su color dorado siempre se le ha relacionado con el simbolismo solar. Por su color y brillo tiene carácter igneo, solar y real, incluso divino. De hecho, la palabra oro proviene del latín AURUM que significa "brillante amanecer" y esta a su vez procede del término AUSEL (aurora) que es un compuesto de las palabras AUSOS (salir) y SAUEL (sol).
Es la imagen de la luz solar y por consiguiente de la inteligencia divina, por lo tanto simboliza todo lo superior. Todos los signos del poder son dorados porque el poder debe durar eternamente. La corona de los reyes ha de ser de oro porque representa la energía que desciende del Sol hasta el soberano.
Pero también es huella del deterioro. El oro está en el inicio y en el fín de las culturas. Es el impulso para desarrollarse y, acaso, la excusa para desaparecer. 
Desde épocas inmemoriales el principal objetivos de los alquimistas era producir oro partiendo de otras sustancias como el plomo, mediante la búsqueda de "la piedra filosofal". Tras innumerables intentos, se ha comprobado que es imposible químicamente  convertir metales inferiores en oro. Por lo tanto, la cantidad de oro que existe en el mundo es constante y no se puede imitar, ni inventar ni reproducir. Pero entonces, ¿de dónde procede? Según la más precisa de las teorías, se crea bajo condiciones extremas. Esto es, por ejemplo, las que se generan cuando colapsa el núcleo de las estrellas supergigantes. En ellas se producen reacciones de fusión nuclear que, cuando cesan, provocan que las capas superiores de las estrella se desplomen sobre el núcleo, comprimiendo y calentando la materia como el hierro y hasta que surgen metales más pesados como el uranio o el oro.
Por lo tanto, volvemos al principio de esta historia donde decíamos que el oro (AURUM) sale (AUSOS) del sol (SAUEL).